El blues no tiene edad

06.03.2014 11:45
Sentar cátedra es su negocio, y lo maneja con maestría. John Mayall ha vuelto al Cervantes en su '80th Anniversary Tour' para demostrar que ocho décadas no son más que un número.
 

Con una gira tan abarrotada de fechas que haría temblar a artistas con la mitad de años, John Mayall da espectáculo ya desde antes de subir al escenario. A pocos minutos del concierto, se acomoda en el vestíbulo tras una mesa en la que vende con toda naturalidad cedés autografiados, para deleite de seguidores y prensa.

Ya en faena, el británico presenta a su banda, compuesta por Greg Rzab (bajo), Jay Davenport (batería) y Rocky Athas (guitarra). Mira hacia la distancia que separa las tablas de la primera fila del patio de butacas y le gustaría sentir a la gente más cerca, pero razona: "I guess it's a posh place" ("Imagino que es un sitio pijo"). Se amolda pues a la elegancia de este imponente coliseo, que con esta noche le recibe por tercera vez.

Comienza con 'Checkin' up on my baby', en la que sus dotes de multiinstrumentista pleno de facultades empiezan a brillar, ahora armónica, ahora teclado, ahora voz, después guitarra. Seguimos en el mismo disco, 'Crusade', de 1967, con 'Oh, pretty woman' y tímidas cabezas moviéndose al compás. "Lights, please", pide a los técnicos para que los focos alumbren a los cuatro por igual, una banda de muchos quilates.

Este baile entre décadas nos traslada de la cristalina 'Early in the morning' a 'The sum of something', del disco 'Tough' (2009) mecida por el hammond. El vibrante setlist, que sumará 12 canciones, se detiene en una pieza de 'A special life', su primer álbum de estudio en cinco años. Se trata de una versión de Jimmy Rogers, 'That's all right'. El respetable sigue con palmas su enfático solo de armónica. Vuelve atrás en el tiempo hasta finales de los sesenta con 'Walking on sunset', que incluye varios momentos estelares de Athas, muy premiado a lo largo de todo el recital con espontáneos gritos de apoyo.

EL PROFESOR HABLA, LOS ALUMNOS CALLAN

Mayall es el bluesman del que todos los contemporáneos del género han bebido, y tal vez esa presencia impone un reverencial silencio cada vez que los aplausos se apagan, como esperando con ansia qué está por venir. Él se da cuenta y dice: "Sois un gran público. Un poquito callado entre canciones…".

Continúa con 'Somebody's acting like a child', con lucimiento de Rzab. Bajan las revoluciones en el clásico 'So many roads'. Al principio, el teclado no responde y él concluye con una sonrisa: "Technology". La letra, con frases como 'he visto tantos caminos, tantos trenes en los que subir', no puede sonar más convincente en su garganta.

Sin sentarse ni un instante, prosigue con 'Moving on', 'One life to live' y 'Chicago line', recibida con 'olés'. Como bis ofrece una de las favoritas del público, 'Room to move', con breves toques de beatboxing incluidos.

"That's all, folks" ("Eso es todo, amigos"). "Espero que lo hayáis pasado bien, nosotros lo hemos hecho", se despide tras esta lección ante un público aplicado que tomó buena nota.

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